Experiencia aportada por la parroquia de San Antonio
De cómo creamos puentes entre parroquia, barrio,
ciudad y con los que más lo necesitan.
Todos los años desde hace ya muchos, celebramos en San Antonio el Día de la Comunidad.
Es un día en que la comunidad entera trabaja codo con codo dando lo mejor de sí misma para
construir puentes entre los que formamos la parroquia, el barrio que también colabora (establecimientos
, residencia de ancianos, asociación de vecinos…) y con quienes más lo necesitan. Siempre con la mirada
puesta en lo central del Evangelio: el servicio a los pobres y la hermandad entre todos.
Este día de la Comunidad se ha convertido para los que lo vivimos cada año un poco en Sacramento,
porque nos habla de una historia que comenzó ya hace unos años; una historia en la que una comunidad
se construye a sí misma y, a la vez, construye algo para los demás, y nos evoca los valores con los que
la tejemos cada año entre todos: generosidad, trabajo en común, fraternidad, dedicación, familiaridad,
alegría, ilusión… nos habla de ese vínculo que creamos cuando trabajamos en aras de un proyecto
que nos une, nos emociona y nos hace sentirnos de verdad parte activa del Reino de Dios.
Leonardo Boff dice que, “el sacramento puede abarcar todo, en la medida en que se abra el corazón”
y esta comunidad, cada año, abre el corazón para que todo funcione y de buenos frutos.
Es un día festivo, alegre, para compartir. Detrás de todo eso se deja ver el trabajo, la solidaridad,
las ganas de construir puentes juntos, sobre todo hacia los que más lo necesitan, porque hay más
felicidad en comunidad que en soledad y porque cualquier cosa buena lo es más cuando se puede
compartir con otros.
Por la mañana celebramos la misa toda la comunidad junta. Después se lleva a cabo la Tapa
solidaria: parroquianos, vecinos y colaboradores llevan sus tapas a la salida de misa y se las
entregan a los jóvenes de la parroquia que con toda la alegría y la ilusión las preparan junto
con las bebidas para venderlas a quien se quiera acercar. Unos jóvenes venden los tiques y otros
entregan las tapas… Es un día que invita a la participación, la generosidad, la creatividad…
Por la tarde grupos de niños, adultos y jóvenes nos deleitan con el teatro solidario: pequeñas obras
teatrales escritas desde el humor sano, monólogos y pequeños conciertos de los chavales, donde
la gente puede ser solidaria a través de la venta de papeletas y de la Olla solidaria.
Todo lo recaudado se destina cada año a un fin concreto, tendiendo puentes con proyectos a veces
cercanos y a veces más lejanos, allá donde se ve una necesidad.
Es un día en que la invitación a no quedarse quietos, a acercarse, participar, “sumarse”, se hace
universal; es para todos, y todos echamos un cable en la parte que nos corresponde. La parroquia,
el barrio y las familias, se unen en este empeño.
Qué bueno es poder contemplar una comunidad, un barrio, una parroquia, empleando todo su
potencial en construir puentes, acercar corazones, descubrir en el de cerca o el de lejos al hermano
al que tender la mano.
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